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Historia Temamatla Estado de México

Su primitivo nombre, de origen náhuatl, fue Temamatlatl, el cual se compone de los términos "??tetl"? piedra, "??mamatlall"? escalera y "??tla"? que junto significan abundancia, que juntos significan: Escalera de piedra o Lugar donde hay abundancia de piedras.

Estudios de lengua náhuatl indican que la voz debió ser Temamatlan, que proviene de Tenayo, compuesto de tenamastli, basamento o piedras del fogón.

Según datos del Instituto de Antropología e Historia de la UNAM, en el territorio que conforma el municipio existió, en la época del formativo temprano 1300 al terminal 200 a.c., un asentamiento que sobrevivió con una economía basada en la recolección de frutos y semillas silvestres, la cacería, productos de la laguna y un conocimiento rudimentario de la agricultura, cuyos productos intercambiaban con los que traían de la costa, así lo indican los hallazgos de material arqueológico como instrumentos de molienda, metate, molcajetes, navajillas, raspadores de obsidiana y silex, ollas grandes, fragmentos de ollas asociados a un entierro, mandíbula tal vez de un niño, cajetes, un premolar, fragmentos incompletos de huesos humanos, vértebras, costillas, un cráneo y un fogón.

Este asentamiento, clasificado como villa grande nucleada, con una población de entre 800 y 1,600 habitantes, aunque también definido como centro local con una población de 2,500 personas aproximadamente, sobrepasó la capacidad de los recursos y deterioró el medio ambiente, dando lugar al crecimiento de la población y al abandono de muchos de sus sitios más importantes, agravado esto, tal vez, por la influencia de Cuicuilco, Tlapacoya, Teotihuacán o la erupción del volcán Xitle, cuyas nubes ardientes se expandieron sobre la parte sur de la cuenca.

Fundación y Primeros Pobladores

Durante los siglos XII y XIII, llegaron a la localidad los acxotecas y mihuaques, a quienes siguieron los tlaltecahuaques, contecas, tlayllotlaques y, por último, los nonohualcas, teotlixcas y tlacochcalcas.

Con los acxotecas, mihuaques, tlaltecahuaques, contecas y tlayllotlaques, quedó formado el barrio Tlalmanalca, de cuya rama descienden los temamatlenses, desarrolladores de una amplia cultura y conocimiento de las artes.

Establecidos en el lomerio oriente de las faldas montañosas, a un costado del cerro Tenayo del cual proviene su nombre, practicaron la danza, música, astronomía, medición del tiempo y la cerámica, cuyas figuras representaban sus deidades y dioses, principalmente.

"Concluida la conquista, en el año de 1535 llegaron a estas tierras por mandato del Rey Carlos V, Don Alonso de Alvarado y Doña Isabel de Moctezuma; por el Virrey Don Antonio de Mendoza, el Señor Don Juan de Zumarraga; reunidos todos los naturales de esta región para que en presencia de ellos se repartieran las iglesias de cada pueblo correspondiente al municipio Santiago Zula, Asunción del Monte, Los Reyes  Acatlixhuayan y San Juan Temamatla, dando a cada uno de los principales señores su cargo y a otros de topíles y se asienta la memoria de Dios, de la Virgen Santa María y de su Santísimo Hijo.

Doce pueblos fueron y no había ningún español cuando se repartió, se mentó y gritó esta tierra que se dotó con un fondo legal de 600 varas de cada uno y, se puso en el nombre del padre, y del hijo y del espíritu santo, y quedaron todos gustosos y se hizo público (y notorio), por todas partes agradecieron y mostraron en procesión al Santísimo Sacramento por todo el pueblo de Los Santos Reyes". Refiere el documento, Asiento de Los Reyes Acatlixhuayan año de mil seiscientos sesenta y cinco.

En el año de 1603 se construyó el ex- convento franciscano, en ese año quedaron cuatro ministros que administraban con autoridad del ministro de Tlalmanalco.

Para 1880, la población contaba con 1,787 habitantes, de los cuales eran 899 hombres y 888 mujeres; su último cura propio fue Don Miguel Vélez, hasta el siglo pasado en que el ilustrísimo Sr. Lorenzana la elevó a parroquia, fue una de las cuatro parcialidades en que se dividió el curato de Tlalmanalco, quedando con siete pueblos de visita.

En el siglo XIX una nueva vida se desarrolla, se estableció en las haciendas de la región el trabajo agrícola que debía mantener a la gran ciudad, el comercio se intensificó entre la nueva ciudad ixpana, las tierras calientes y la costa del golfo.

Temamatla fue el bastión comercial en la región, además había una fábrica de aguardiente.

En 1824, los preceptos legales de la Constitución de Cádiz que establecían que se nombrara ayuntamiento en todo lugar que contara con una población de mil habitantes y un número de regidores en relación con la misma cantidad de población, fue suprimida, en razón de una política socioeconómica que determinó que sólo las poblaciones que alcanzaran los 4 mil habitantes estarían en posibilidad de formar ayuntamiento y nombrar regidores, razón por la cual Temamatla con sus poblaciones fueron agregadas a la municipalidad de Ayotzingo.

En el año de 1843 en la época centralista cuando el Estado de México se convirtió en departamento, Temamatla fue ratificado y elevado a la categoría de municipio, categoría que a la fecha se le reconoce.

La producción agrícola fue muy significativa, el desarrollo se intensificó en las haciendas de la región para proveer a la nueva ciudad, el comercio se fortaleció entre la corona española y las tierras conquistadas. Temamatla, por su situación geográfica, fue vía del comercio desde la época azteca, ahí se establecieron 5 mesones para albergue de los comerciantes y arrieros, así como para cambio de animales frescos de tiro y carga.

Por esta época, el Sr. Andrés Zarza se dedicaba al cultivo del maguey cuyo producto, el pulque o neutle, expendía en un tinacal a la población y a pueblos vecinos.

A mitad del siglo XIX se construye el primer palacio municipal y dos estanques de agua para el uso de los habitantes en el jardín central.

En 1881, se inauguró el recorrido del ferrocarril interoceánico de México a Cuautla.

Descarrilamiento del ferrocarril interoceánico; Diario de la mañana el Noticioso, informa la lamentable catástrofe acaecida entre el kilómetro 41 y 42, cerca de Temamatla, el día 28 de febrero de 1895, Tadeo Dávila conductor del tren No. 42, que salió en auxilio a las 2.45 de la tarde y por segunda vez a las diez de la noche del jueves para Piedras Blancas, lugar del descarrilamiento, afirma que no se puede asegurar el número exacto que hubo de muertos y heridos, dice: aquél era un cuadro horroroso que hacía llorar; todo era lágrimas, quejas y sangre, los primeros en llegar al lugar de los hechos fueron el presidente municipal Don Andrés Zarza y el alcalde Don Teodoro Niño las dos autoridades de Temamatla.

Después el Lic. Víctor de la Pela, juez de letras de Chalco, el presidente del ayuntamiento Lic. Sánchez; de entre los médicos el Dr. Víctor Carrillo; de entre los sacerdotes, Don Mariano Ponce de León también de Temamatla, el de Yautepec, el de Ameca Don Magín González y el de Tenango Sr. Soriano.

A los moribundos se les daba a besar la cruz, se les untaba en la frente el Santo óleo y se les daba la absolución, no había tiempo para más.

Serían las 2 de la tarde cuando llegó el tren de auxilio a la estación de San Lázaro conduciendo a muchos de los viajeros que presenciaron el accidente ferroviario: en la plazuela del mismo nombre, se encontraban muchísimas personas esperando con ansia saber si alguno de su familia habría sufrido las terribles consecuencias.

Es muy difícil describir aquel cuadro de horror y desolación. Y todo lo que de él se diga no será más que un pálido reflejo de tan terrible realidad.

Siglo XX

Con Don Porfirio Díaz en el gobierno los hacendados de la región vieron acrecentar su poder económico, amparados por el respaldo del dictador, las injusticias en el campo fueron en aumento, con la mayor impunidad explotaban a los peones que tenían que recorrer grandes distancias para sujetarse, por su necesidad, a la agotadora jornada en las haciendas de la región como las de Chiconquishuitl, el Olivar, la de Atoyac, la de San Juan de Dios y la de la Asunción del Monte, entre otras.

Dos corrientes lucharon por el cambio, en el norte Don Francisco I. Madero encabezó el movimiento con el lema de "??Sufragio Efectivo y No Reelección"?, en tanto que en el sur, Emiliano Zapata logró unificar las fuerzas y elaboró el Plan de Ayala, en el que exigió el cumplimiento de la restitución de las tierras, montes y aguas usurpadas.

Después de firmado el Plan de Ayala, los campesinos zapatistas de Morelos y el Estado de México reorganizaron sus fuerzas, formalmente Emiliano Zapata, José Morales y Francisco Mendoza actuaban en Morelos y José Trinidad Ruiz al norte del mismo estado de Morelos y en el Estado de México, hasta Ozumba.

En el mes de octubre de 1911, se intensificó la lucha zapatista, se unieron a la causa Mateo Montes, Lorenzo Avilés y los hermanos Vicente y Apolonio Granados López, quienes estuvieron minando constantemente a las fuerzas federales ubicadas en varias poblaciónes, a saber: Ecatzingo, Nepantla, Tlalamac, Cocotitlán y las haciendas de Guadalupe, el Moral, Xico, la Asunción del Monte, Ayotzingo y Temamatla.

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